Doña Blanca de borbón,
la prisionera del castillo de Sigüenza
Texto recogido del libro "El Castillo de Sigüenza"
Autor: D. Juan Antonio Gómez-Gordo

Doña Blanca de Borbón, sobrina del rey de Francia, fue una reina de Castilla repudiada por su esposo el Rey Pedro I, al segundo día de casada, que habitó por espacio de cuatro años nuestro castillo-palacio rodeada de caballeros que la escoltaban en su destierro, a parte de su capellán, su tesorero y su secretario, así como una dama de compañía. Mantuvo permanente correspondencia con el Papado de Aviñón. Reina repudiada, que no prisionera entre rejas como lo quieren los poetas y nuestro arquitecto Dr. Picardo, constructor del parador el cual nos hizo a su antojo una celda real con su reja a la entrada de un cuarto de unos seis metros cuadrados con unos azulejos del siglo XVI, donde nunca hubo más que una sencilla puerta, pero que el vulgo, sin fundamento histórico alguno denominó Torre de Doña Blanca. Puede leerse a la entrada, en una cartela de cerámica talaverana puesta allí por el citado arquitecto el siguiente aviso:

En es celda estuvo prisionera la desventurada y joven reina Doña Blanca de Borbón, sobrina del Rey Carlos V de Francia y nieta del Rey San Luis. Fue esposa de Don Pedro I Rey de Castilla y de León. Las bodas reales se celebraron con toda pompa en la iglesia de Santa María la Nueva de Valladolid el 3 de junio de 1353. La princesa de Francia, ya reina de Castilla, tenia 18 años y era rubia y muy bella. A los dos días el joven rey, su esposo, la abandonó para reunirse en la Puebla de Montalvan con su amante María de Padilla. Esto causo gran escándalo en la Corte. La Reina María madre de Don Pedro, su tía la reina viuda de Aragón, Don Alfonso de Alburquerque y muchos nobles de Castilla, Obispos y el Cardenal enviado del Papa Inocencio VI se coaligaron en Tordesillas con numerosa hueste y obligaron al rey a prometer vivir con su esposa Doña Blanca a la que tenía entonces presa en Toledo. El Rey acorralado, así lo prometió en la villa de Toro pero luego, ya libre, se dedico a vengarse de todos los que le habían forzado y mando encerrar a Doña Blanca en este Castillo del Obispo de Sigüenza en 1355, prendiendo también al Obispo. Con la guerra que se armó contra Don Pedro por parte de Francia, Aragón y su hermanastro el Conde de Trastámara, Don Pedro temió que Doña Blanca pudiera ser liberada y mandó trasladarla a la torre hoy llamada de Doña Blanca entre Jerez de la Frontera y el Puerto de Santa María y posteriormente al alcázar de Medinasidonia donde fue asesinada de un ballestazo, a sus 24 años por orden del rey su esposo, bien llamado el Cruel. Esta leyenda la mando poner el arquitecto D. José Luis Picardo, restaurador de este Castillo para Parador Nacional de Turismo en 1975.

Con muy buen criterio y mejor voluntad lo puso, pero efectivamente se trata de una leyenda; todo lo piadosa que se quiera, pero leyenda al fin. Seguía al pie de la letra lo expuesto en el Diccionario "Larousse" francés.

Estuvo efectivamente cuatro años confinada por destierro, no prisionera, bajo vigilancia de unos caballeros, y por algún tiempo también por el tío de la Padilla, Hinestrosa, los cuales se portaron muy cortésmente con ella. Fue víctima propiciatoria de las intrigas reales de su tiempo, cuajado de bastardías, venganzas y asesinatos, y como la pequeña historia se escribió siempre por los vencedores, incluso para justificar el fratricidio de Montiel, las crónicas y leyendas tejieron inhumanamente, en torno a la joven Reina Doña Blanca, toda una serie de leyendas, incluso crueles contra su honestidad, y una de ellas es la de su "celda". Lo cierto es que Doña Blanca vino a casarse cuando ya Don Pedro estaba enamorado de D.ª María Padilla, mujer hermosa y justa, pero que tanto daño hizo a nuestra Reina, cuando estaban celebrando el nacimiento de su primera hija; y fuese porque el Rey de Francia no entregaba los 300.000 florines de oro de la dote pactada, o fuese, como lo quiere la leyenda, por dudas en su fidelidad, dado el viaje tan largo como el que hizo acompañada de los hermanastros de Pedro I, lo cierto es que la repudió, y ella, mal aconsejado por los hermanos bastardos de D. Pedro I e incluso por nuestro Obispo D. Pedro Gómez Barroso y su pariente el Obispo de Segovia, Barroso Gudiel, así como su familia toledana de los Barroso, es cierto que huyó al paso por Toledo y se refugió en Santa María, y que, enfrentados los bandos, D. Pedro cercó a Toledo y allí cogió prisionero a nuestro Obispo D. Pedro a quien encerró en prisiones en Aguilar de Campoo y a nuestra Reina, su esposa repudiada; le puso desconsiderada escolta en la persona del tío de D.ª María de Padilla, D. Juan Fernández de Henestrosa, quien la trajo a Sigüenza donde estuvo confinada por cuatro años bajo la vigilancia de los caballeros D. Íñigo Ortiz de la Cueva y Ruy Pérez de Soto, rodeada de una pequeña corte formada por su confesor y secretario D. Juan Oruel, su secretario y tesorero Otabón de Oliva, que a principios de 1356 le había mandado el mismo Papa, y por su dama D.ª Leonor de Saldaña.

El mismo Papa Inocencio VI, verdadero protector de la Reina, que la defendió siempre y con el cual mantuvo correspondencia continuada, le mandó a principios de 1356 como secretario a Otabón de Oliva. Estos caballeros trataron siempre de comportarse más como parte integrante de su séquito, que como fieles guardianes, y su mismo Maistre d`ostal, Otabón, marchaba a la Corte del papado en Aviñón, cuando lo consideraba necesario, portador de confidencias y recabando ayuda económica.

Sin duda la Reina ocupó la residencia palaciega del Castillo, puesto que el Obispo estaba encarcelado y más tarde fue desterrado a Aviñón para terminar de prelado en Portugal. Aunque nada de cierto se sabe de la estancia de D.ª Blanca en el Castillo seguntino, por falta absoluta de documentación, sólo podemos hacer conjeturas, como escribió el Cronista Provincial Juan Catalina García López; no obstante, se conoce la grave situación, ante la corte papal de Aviñón, al excomulgar a Pedro I en 1358 el Legado-Cardenal La Jugle, por adulterio, tras casarse en Cuellar en 1354 con D.ª Juana de Castro después de que se declarara la "nulidad del matrimonio del rey" por los Obispos D. Sancho de Ávila y D. Juan de Salamanca, presionados por el miedo; y otros mil detalles por las cartas secretas de Inocencio VI y de los Cardenales y Legados del Papa que intervinieron en esta grave situación, a través del documentado estudio del josefino seguntino, P. Olea Álvarez, destinado en Roma.

Es muy probable que tras su retención en Sigüenza, D.ª Blanca fue llevada a Jerez y más tarde a Medinasidonia, para alejarla de la frontera aragonesa, ya que la hostilidad entre ambos reinos se recrudecía peligrosamente, y allí murió, en 1369, muy posiblemente de muerte natural y no de un ballestazo, siempre bajo la sospecha evidente ante tanto asesinato cometido por el Rey Pedro I, joven fogoso y mujeriego en lucha fratricida permanente con sus hermanastros, quien murió, como es sabido, asesinado en Montiel por su hermanastro D. Enrique de Trastámara -futuro Enrique II-, con la ayuda de Du Guesclín que le apoyaba, jefe de los mercenarios mandados por el tercer Duque de Borbón, hermano de D.ª Blanca, para luchar contra Pedro I con el beneplácito del Papa Urbano V.